lider

El buen líder

En nuestra profesión tenemos muy a menudo en la boca la palabra líder. Trabajamos con personas que quieren hacer brotar, mejorar o potenciar su capacidad de liderazgo, y acuden a nosotros quizá pensando que existe una única fórmula para ser un buen líder. Hay muchos libros e infinidad de artículos en internet relacionados con el tema, sin embargo lo que quiero aportar con este artículo no está en ninguno de ellos (aunque se le pueda parecer). Lo que expongo aquí es una recopilación de las cosas que nos dicen nuestros clientes cuando les preguntamos ¿qué tipo de líder quieres ser?

¡Claro! porque decir que uno quiere ser un líder empieza por ahí, por entender qué significa para ti ser un buen líder. Hitler y  Teresa de Calcuta, Steve Jobs y Belén Esteban, Gandhi y Francisco Franco… todos ellos son/fueron líderes. Me explico, ¿verdad?

Así se expresan algunos de nuestros refiriéndose al tipo de líder que quieren ser: el buen líder…

1. Habla claro, con seguridad

“Tiene capacidad de síntesis, explica claramente el por qué de las decisiones que toma y se asegura de que la información que su equipo necesita está clara.”  Qué importante es que un subordinado entienda por qué hace las cosas y no tenga que hacerlas por que sí, ¿no os parece?

2. Ofrece un feed-back óptimo

“Evalúa los resultados obtenidos y desarrolla planes de mejora teniendo en cuenta la opinión del equipo.” Otro cliente dice: “Felicita al equipo por los buenos resultados tanto en público como en privado.” 

3. Sabe delegar y confía en su equipo

Un cliente lo expresaba así: “Asume que no lo sabe todo y sabe sacar lo mejor de cada uno”. Otro decía: “Escucha, pide opinión y además está a atento a las inquietudes de su equipo”.

4. Gestiona los conflictos

“Gestiona los momentos de conflicto con educación y pensando en cómo avanzar en lugar de buscar víctimas y culpables.” Nada que añadir.

5. Es un ejemplo

“Es proactivo, afronta los problemas de cara, muestra compromiso con los resultados de la empresa así como con sus empleados, tiene un comportamiento coherente…” 

6. Tiene buena imagen

Esta se repite bastante. Parece que en general se tiene la idea de que un buen líder cuida además su aspecto: “Tiene buena imagen, lo que no significa ir siempre de punta en blanco, sino ir acorde con cada circunstancia”. 

Podemos pensar que un buen líder ha de tener muchas mas características (o no), pero ¿no te parece que estas son fundamentales?

arrepentimiento

No me arrepiento

He leído en las últimas semanas varios artículos que hacen referencia a los arrepentimientos más comunes que la gente manifiesta en la recta final de sus vidas. Se han realizado varios rankings –no coincidentes entre sí– de los cuales voy a reproducir y comentar el de Bronnie Ware, una enfermera australiana que ha escrito el libro Los cinco arrepentimientos de los moribundos, donde vuelca su experiencia al respecto tras largos años al cuidado de enfermos terminales.

Si hasta aquí el tema te resulta un poco tétrico, ten un poco de paciencia y no abandones todavía. Creo que aprender de experiencia ajena es posible y reflexionar por un momento sobre estos arrepentimientos puede impulsarnos a tomar decisiones que cambien sustancialmente nuestra vida.

Embebidos en el quehacer diario, muchas veces dejamos para “más tarde” aquello que de verdad nos hace felices en pos de lo que se su pone que es urgente e importante. Aplazamos nuestra satisfacción como si dispusiéramos de crédito eterno de tiempo. Me ha costado, pero he aprendido que el día, si te organizas, da para todo: para trabajar, para resolver, para preocuparse…, pero también para hacer, al menos un ratito, aquello que nos gusta, nos hace sentir bien, o simplemente nos relaja.

Aquí va el top 5 de los arrepentimientos que te invito a desterrar:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera.

Tan duro como habitual. Cuando una persona no se decide a dirigir su vida, automáticamente se ver rodeado de gente que sí esta dispuesta a decirle cómo hacerlo –casi siempre en su propio beneficio–, y ya sea por inseguridad, por educación o por miedo, nos resulta dificilísimo hacer cosas en contra de la opinión general.

¿Merece la pena pasarse la vida complaciendo a los demás? Lo más curioso del asunto es que esas persona que siempre te dice como has de vivir, tampoco parecen estar nunca satisfechas… Yo diría que no sólo es aconsejable, sino obligatorio, que te permitas vivir tu propia vida y buscar tu felicidad. De esta manera te verás rodeado de gente que se alegra por ti que respeta tu manera de vivir y que disfruta a tu lado.

2. Ojalá no hubiera trabajado tanto.

El trabajo dignifica al hombre. Quizá sea cierto, pero no creo que sea lo único o lo que más lo dignifique. Dile a tus hijos, cuando te estén echando de menos, que no sean egoístas y que tienen que estar contentos por tener un padre ausente, porque eso te hace muy digno. Es curioso como en ocasiones, hacer lo que es mejor para nuestra familia implica hacer cosas en contra de nuestra familia. ¿Y si buscamos el término medio?

3. Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.

Desde que amanece hablamos, opinamos, nos quejamos, cotorreamos, cotilleamos… vomitamos miles de palabras cada día sin ningún esfuerzo. Sin embargo parece que hay sentencias tan difíciles de pronunciar que algunas personas no llegan a decirlas nunca. Dos ejemplos son “te quiero” y “no quiero hacerlo”. ¿A quién beneficias tragándote estas palabras?

4. Hubiera querido volver a tener contacto con mis amigos.

¿Te acuerdas cuando quedábamos con los amigos simplemente para compartir un café? Parece que Facebook no ha podido reemplazar eso.

5. Me hubiera gustado ser más feliz.

De acuerdo. Hay muchas cosas duras que te han sucedido y que no han dependido de ti. Pero aún a riesgo de que te enfades conmigo te digo que lo que sí depende de ti es cómo te has tomado esas cosas. En tu mano está convertir un acontecimiento doloroso en un aprendizaje o en una excusa para instalarte en la queja y la autocompasión. Sí, en tu mano.

Curiosamente en ninguno de estos arrepentimientos aparece un “me hubiera gustado tener más ropa” o un “ojalá hubiera sabido invertir en renovables”. Curioso, ¿verdad?

No pierdas el tiempo arrepintiéndote. Actúa.

autoestima

¡Cuatro claves para mejorar tu autoestima!

¿Cómo anda vuestra autoestima?
Aquí os dejo  4 pequeñas claves para querernos todavía un poquito más:

1. Dejar de lado la lista de defectos

Todos tenemos claro que nos disgusta de nosotros, puede ser alguna parte de nuestro aspecto físico, alguna habilidad “que brille por su ausencia…” Seguro que muchos os habéis dicho alguna vez: “pero como puedo estar tan gordo/a (o delgado/a)”, “soy torpe”, “parezco tonto”, etc. En estos casos el poder del lenguaje recae sobre nosotros mismos, aniquilando nuestra autoestima. ¡Es el momento de darle la vuelta! La perfección no existe, hasta la persona más perfecta resultará llena de defectos según con quién se compare. Por lo que no viváis vuestra vida comparándoos con los demás: sois únicos/as y debéis aceptaros como tal.

Identifica los momentos en los que “te hablas mal” y contrarresta los efectos negativos dedicándote unas palabras bonitas ¡toca la hora de aprender a hacernos auto-cumplidos!

2. Empezar a redactar nuestras virtudes

¿Por qué a la gente le da vergüenza cuándo le pregunto qué le gusta de sí mismo? No sé si se trata de creencias culturales o familiares sobre la modestia, o el propio ciclo destructivo de una autoestima baja. El caso es que la mayoría de personas no se han parado a redactar un listado de todo aquello que les gusta de ellos mismos, incluso a muchos les parece “una pérdida de tiempo” hacer este ejercicio…

¿Compartiríais vuestra vida con una persona a la que no le gustara nada de lo que hacéis, de cómo sois, de cómo os comportáis? Sería bastante insoportable ¿verdad? Pues a estas alturas creo que debéis saber que sólo existe una cosa segura: Sois las únicas personas con las que es totalmente seguro que vais a compartir el resto de nuestras vidas
¿No creéis que merece la pena empezar a quereros con locura?

Escribe un listado de cosas que te gustan de ti.

3. Atrevernos

La historia está llena de valientes, no nos engañemos; la vida de los cobardes no resulta muy interesante. Todos sabemos que cambiar cuesta, resulta más cómodo quedarnos en el sofá  aunque nos perdamos la oportunidad de alcanzar nuestros sueños. Y  aunque os auto-justifiquéis con el tan familiar “ya lo haremos mañana” el tiempo pasa igual. Así que atreveros a realizar cambios en vuestra vida, a mejorar aquello con lo que no estéis satisfechos, no hay momento más oportuno para comenzar que ahora mismo.

Realiza un pequeño cambio o reto cada día: puede ser realizar un tarea nueva, aprender un nuevo idioma, empezar un hobbie, conocer nuevos lugares, hacerte aquel corte de pelo que siempre has querido, etc.

4. Daos permiso

Sí es cierto, superman o superwoman consiguen  matar al malvado y salvar al mundo de un ataque nuclear casi sin despeinarse, pero ¡nosotros no tenemos súper poderes! Por eso hay días en los que no nos salen bien las cosas, estamos más desanimamos, no nos apetece ir al gimnasio, etc. ¡No pasa nada!, debemos darnos permiso para equivocarnos, para expresar nuestras emociones, para sentirnos felices, para sentir tristeza ante una pérdida, para saltarnos las normas… y sobre todo ¡para ser feliz!

Daos permiso para disfrutar de un buen café…

¡Feliz mañana!

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identidad

¿Quién soy? En busca de mi identidad

Cualquier persona que emprende el camino del desarrollo personal se encuentra con la misma pregunta: ¿quién soy yo? Una pregunta que debería resultarnos fácil de responder se convierte en muchas ocasiones en una gran roca que escalar (quizá la más grande). Intentemos facilitar el trabajo.

La idea que uno tiene de sí mismo está formada por los distintos roles que desempeña, los contextos en los que se desenvuelve, las actividades que realiza, los rasgos que posee, el estado de ánimo que presenta en cada ocasión, etc. Es decir: somos el conjunto de múltiples aspectos.

Pongamos ejemplos:

• En cuanto a los roles: conviven en nosotros roles como, padre, hijo, jefe, alumno…
• En cuanto a los contextos: puedes ser un experto en el contexto de tu profesión y al mismo tiempo un aprendiz en el contexto de tus clases de pintura.
• En cuanto a las actividades: eres un tenista, un amante del cine, un turista…
• En cuanto a tus rasgos: puedes ser exigente, desorganizado, amoroso, reflexivo…
• En cuanto a tu estado de ánimo: puede que ahora estés triste, más tarde eufórico, mañana enfadado…

Todo esto eres, y más

Así mismo, podemos decir que nos conocemos cuando comprendemos cómo somos, cuáles son nuestras metas y cuáles nuestras habilidades. Para llegar a este conocimiento construimos el concepto de nosotros mismos asignándonos rasgos de personalidad que expliquen por qué nos comportamos como lo hacemos (igual que hacemos para explicar la conducta de los demás). Por ejemplo, si tiendo a llorar en el cine puedo inferir que soy una persona sensible; si no tengo habilidad para el deporte, puedo concluir que soy una persona torpe.

Otro recurso para el autoconocimiento es compararnos con los demás. ¿Cómo de sensible soy en comparación con mi grupo de amigos? ¿Es correcto que me considere una persona torpe si me comparo con el resto de compañeros de clase? etc.

Eres lo que aspiras a ser

Quiero citar para terminar una línea del guión de la genial película de Pedro Almodóvar Todo sobre mi madre que el autor puso en boca del personaje de “la Agrado”:

“Uno es más auténtico cuanto más se parece a lo que soñó de sí mismo.”

¿Qué más elementos que te definen crees que podemos incluir en esta lista?

tiposdecoaching

Tipos de Coaching y sucedáneos varios

Hace unos días leí un artículo que Francesc Beltri Gebrat publicaba en YOTOKOBU, titulado “Coachingdemia” en el que el veterano colega reflexiona sobre el uso y abuso, o mejor dicho, sobre el abuso del uso de la palabra “coaching”.

Y es que el esnobismo y el oportunismo han forzado a la palabra coaching a emparejarse con las más variopintas actividades sin asomo de pudor y con el único fin de aplicar un falso barniz de novedad a profesiones de toda la vida.

He llegado a leer en un perfil de twitter cómo una mujer (cuyo nombre he hecho lo posible por olvidar) ofrece sesiones de “coaching con flores de Bach y esencias florales”. Sentí vergüenza ajena. Acepto que el coaching es versátil y aplicable a infinidad de aspectos de la vida, pero ¿de verdad no hay pudor suficiente como para no traspasar los límites de lo razonable?

Concluye el amigo Francesc (más tolerante y sabio que yo), su audaz disertación de esta manera:

“Las palabras no son patrimonio de nadie y, si bien en algún momento podríamos hablar de desvirtualización entendida como pérdida de las esencias o valores, no olvidemos que los vocablos son ante todo un regalo para la comunicación, aunque sean en inglés”.

La razón se impone y no puedo negar lo que esta sentencia hace evidente, pero me acojo a mi derecho a pataleta, y es que más de una vez he tenido que recurrir a algún colega para preguntar cosas del tipo “¿tú sabes qué diablos es esto del coaching menopáusico?

Pero siempre, por fortuna, hay quien se molesta en hacer la vida un poco más sencilla a los demás; y éste es el caso de otra colega, Soraya Bayo que en su libro “Soy coach ¿y ahora qué?” propone una clasificación de diferentes tipos de coaching, que esta vez sí me parecen coherentes.

Os detallo en este post, sólo la lista (no quiero extenderme demasiado) y ya iremos entrando a hablar de cada una de ellas en futuros artículos.

Coaching Ejecutivo
Coaching Empresarial
Coaching Organizacional
Coaching de Salud
Coaching Positivo
Coaching Comercial
Shadow Coaching o Coaching de Sombra
Coaching Sistémico
Coaching Emocional
Coaching para Adolescentes
Coaching Familiar
Coaching para Padres
Coaching de Marca
Coaching Gay
Coaching Espiritual
Coaching Ontológico
Coaching Zen
CoachingTransformacional
Coaching para Emprendedores
Coaching de Equipos
Coaching Deportivo
Coaching Político
Coaching Financiero
Coaching para Educadores (maestros, profesores, etc.)

Lo dicho: fuera de esta lista, a todo lo que se le ponga la palabra coaching al lado, pienso mirarlo con recelo.

Bulling

Cinco síntomas del acoso escolar

El pasado viernes pudimos asistir a la sesión clínica sobre maltrato entre iguales que ofreció el Instituto Superior de Estudios Psicológicos. De la mano de Andrés González Bellido, profundizamos sobre el acoso escolar, y descubrimos el Programa Preventivo TEI (Tutoría entre Iguales), que actualmente está llevando a cabo el IES Front Marítim en Barcelona.

El programa aboga por la figura del tutor (alumno de 3ª de ESO) cuya función es acompañar, ayudar y servir de apoyo del tutorizado (alumno de 1º de ESO). Esta intervención preventiva del bullyng, parte de una inicial formación sobre este tipo de maltrato, promoviendo en los alumnos valores de responsabilidad, solidaridad y empatía, entre otros.

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sinmiedo

Vivir sin miedo

En coaching invitamos continuamente a la acción, al movimiento efectivo hacia los objetivos. En la mayoría de los casos, lo que nos impide emprender acciones hacia nuestros sueños es el miedo. Pero ¿qué es exactamente el miedo?, y sobre todo, ¿cómo podemos combatirlo?

El miedo es una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico. El miedo también implica una inseguridad respecto de la propia capacidad para soportar o mantener una situación de amenaza. La intensidad de la respuesta emocional de miedo depende de la incertidumbre sobre los resultados.

Fernández-Abascal, 1997

En términos evolutivos, la emoción del miedo se ha desarrollado para protegernos de aquello que es peligroso para nuestra supervivencia.
De hecho, sin la capacidad de sentir miedo (que es una patología descrita) la mayoría de nosotros viviríamos muchos menos años. Imaginad a una persona que no siente miedo conduciendo a toda velocidad por una carretera junto a un acantilado…

Agradezcamos pues tener esta fantástica herramienta de supervivencia, pero ¿qué sucede cuando cualquier situación de incertidumbre nos provoca tanto miedo que somos incapaces de actuar, incluso en nuestro beneficio? ¿Está justificado el miedo que sentimos a cualquier cambio en nuestra vida? ¿Es realmente tan insoportable la incertidumbre sobre el futuro como para aferrarnos a comportamientos, hábitos, personas, trabajos… que no nos hacen felices?

Como hemos dicho, el miedo se desarrolló en el ser humano cuando realmente convivíamos con continuas amenazas para nuestra supervivencia, como fieras salvajes, inclemencias climatológicas extremas, enemigos armados… Quizá tengamos que aprender a modular nuestra sensación de miedo en una sociedad en la que muchas de esas amenazas ya no existen.

En muchísimas ocasiones, el miedo a una situación que queremos evitar es mucho más doloroso que la situación en sí. ¿Hemos valorado realmente qué es lo peor que nos puede pasar si tomamos esta o aquella decisión? Quizá esté aquí la clave. Dar un paso más allá del miedo instintivo y analizar racional y objetivamente, cuán peligroso es eso a lo que nos enfrentamos.

En coaching trabajamos constantemente en este punto. Acompañamos a nuestros clientes en el análisis pormenorizado de las consecuencias reales de que “lo peor que pueda pasar” realmente pase, y muchas veces descubrimos que no representa un peligro real. En cambio, ¿qué nos podemos llegar a perder si no damos ese salto racional? ¿Quién dijo que todo va a salir mal, y qué pasa si efectivamente así es? ¿Realmente no vamos a ser capaces de superarlo?

Me atrevo a decir que muchos de nuestros miedos son heredados y nunca nos hemos parado a analizar si tienen una base real. “Si no estudias, nunca encontrarás un buen trabajo; si no te casas pronto, se te pasará el arroz de la maternidad; si pierdes tu empleo, perderás tu casa…” ¿Alguien puede asegurar categóricamente que esto siempre es así? Miedos que pasan de padres a hijos por generaciones y que han generado sociedades ancladas a todo aquello que les hace sentir seguros.

El miedo a la incertidumbre es uno de los más arraigados en el ser humano, pero desgraciadamente vivimos momentos de cambios constantes y futuros inciertos. Lo que antes era un trabajo para toda la vida, ha dejado de serlo, por ejemplo. Ha llegado el momento en que quizá la adaptación al cambio (otra gran cualidad humana que a veces está adormecida) sea mucho más efectiva que la evitación de lo temido.

Quien no teme vivir en una nueva cultura y enfrentarse a retos intelectuales, es capaz de emigrar en busca de un trabajo mejor. Quien pierde su empresa y no teme empezar desde cero, aprender nuevas cosas, cambiar de sector profesional, tiene más posibilidades de reconstruir su presente.

¿Hemos analizado realmente por qué estamos aferrados a la estabilidad y qué cantidad de cosas nos podemos estar perdiendo por miedo? Os invitamos a hacerlo.

 

PAN

¿Y tú cómo te comportas?: ¿padre, adulto o niño?

Las siglas P.A.N. hacen referencia al modelo de los 3 estados o niveles del YO, que podemos encontrar dentro de la teoría psicológica denominada Análisis Transaccional. Esta teoría propuesta por el doctor en psiquiatría Eric Berne, considera que el individuo estructura su personalidad en 3 niveles del yo:

PADRE: tiene como función juzgar, ordenar, criticar, proteger, aconsejar, etc. Nuestras conductas se encuentran supeditadas a valores tales como autoridad, tradición, normas, responsabilidad, amparo, cariño, “lo que debe ser”…

ADULTO: se caracteriza por el análisis de las situaciones, la reflexión continua, la evaluación y planificación, y la aprobación de protocolos sociales. Nos comportamos según lo establecido por la sociedad, cultura, etc.

NIÑO: en este estado del yo, el individuo siente, intuye, crea. Actuamos con ingenuidad y curiosidad, nos dejamos llevar por la alegría, la tristeza, el enfado, el llanto, la crueldad y sobretodo somos seres vitales.

Según el autor, al nacer tenemos y utilizamos los 3 niveles en función de la situación en la que nos encontremos. Años más tarde, el hábito de utilizar más y de forma continuada uno de estos niveles hace que tengamos respuestas emocionales condicionadas a ese nivel y es esto lo que determinará nuestra personalidad.

Para entender cómo funcionan estos tres niveles, imaginémonos que nuestro YO está compuesto 3 cubos de agua. Cada cubo de agua representa uno de los niveles: Padre, Adulto, Niño; y el agua, que es limitada y representa nuestra energía vital ha de repartirse entre los tres contenedores.

¿Qué pasará si destinamos gran parte de nuestro “agua” a uno de los cubos? Si esto sucede su peso aumenta y el nivel de agua del resto de cubos disminuirá e incluso uno de ellos puede quedar vacío, es decir sin energía. Esto provoca que en nuestro día a día, ante las diversas situaciones y desafíos que nos proporciona la vida, respondamos con conductas emocionales que derivan del cubo que tenemos más lleno, de nuestro nivel del yo predominante (padre, adulto, niño).

¿Cómo podemos utilizar esta teoría en nuestra profesión de coach?

Como todos conocéis el Coaching es una metodología que se alimenta de diferentes disciplinas con el fin de potenciar las capacidades de los clientes, y como consecuencias sus resultados. En concreto, el Coaching utiliza el Análisis Transaccional en aspectos tales como la comunicación, autoestima, relaciones de pareja, etc.

Actualmente, existe en el mercado una amplia oferta de formaciones complementarias en el ámbito del Coaching que nos pueden proporcionar un enriquecimiento tanto a nivel personal como laboral y el Análisis Transaccional es uno de ellos. Si decidís ampliar vuestro conocimiento sobre este tema, os recomendamos que lo hagáis a través de cursos homologados por la ICF.