arrepentimiento

No me arrepiento

He leído en las últimas semanas varios artículos que hacen referencia a los arrepentimientos más comunes que la gente manifiesta en la recta final de sus vidas. Se han realizado varios rankings –no coincidentes entre sí– de los cuales voy a reproducir y comentar el de Bronnie Ware, una enfermera australiana que ha escrito el libro Los cinco arrepentimientos de los moribundos, donde vuelca su experiencia al respecto tras largos años al cuidado de enfermos terminales.

Si hasta aquí el tema te resulta un poco tétrico, ten un poco de paciencia y no abandones todavía. Creo que aprender de experiencia ajena es posible y reflexionar por un momento sobre estos arrepentimientos puede impulsarnos a tomar decisiones que cambien sustancialmente nuestra vida.

Embebidos en el quehacer diario, muchas veces dejamos para “más tarde” aquello que de verdad nos hace felices en pos de lo que se su pone que es urgente e importante. Aplazamos nuestra satisfacción como si dispusiéramos de crédito eterno de tiempo. Me ha costado, pero he aprendido que el día, si te organizas, da para todo: para trabajar, para resolver, para preocuparse…, pero también para hacer, al menos un ratito, aquello que nos gusta, nos hace sentir bien, o simplemente nos relaja.

Aquí va el top 5 de los arrepentimientos que te invito a desterrar:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera.

Tan duro como habitual. Cuando una persona no se decide a dirigir su vida, automáticamente se ver rodeado de gente que sí esta dispuesta a decirle cómo hacerlo –casi siempre en su propio beneficio–, y ya sea por inseguridad, por educación o por miedo, nos resulta dificilísimo hacer cosas en contra de la opinión general.

¿Merece la pena pasarse la vida complaciendo a los demás? Lo más curioso del asunto es que esas persona que siempre te dice como has de vivir, tampoco parecen estar nunca satisfechas… Yo diría que no sólo es aconsejable, sino obligatorio, que te permitas vivir tu propia vida y buscar tu felicidad. De esta manera te verás rodeado de gente que se alegra por ti que respeta tu manera de vivir y que disfruta a tu lado.

2. Ojalá no hubiera trabajado tanto.

El trabajo dignifica al hombre. Quizá sea cierto, pero no creo que sea lo único o lo que más lo dignifique. Dile a tus hijos, cuando te estén echando de menos, que no sean egoístas y que tienen que estar contentos por tener un padre ausente, porque eso te hace muy digno. Es curioso como en ocasiones, hacer lo que es mejor para nuestra familia implica hacer cosas en contra de nuestra familia. ¿Y si buscamos el término medio?

3. Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.

Desde que amanece hablamos, opinamos, nos quejamos, cotorreamos, cotilleamos… vomitamos miles de palabras cada día sin ningún esfuerzo. Sin embargo parece que hay sentencias tan difíciles de pronunciar que algunas personas no llegan a decirlas nunca. Dos ejemplos son “te quiero” y “no quiero hacerlo”. ¿A quién beneficias tragándote estas palabras?

4. Hubiera querido volver a tener contacto con mis amigos.

¿Te acuerdas cuando quedábamos con los amigos simplemente para compartir un café? Parece que Facebook no ha podido reemplazar eso.

5. Me hubiera gustado ser más feliz.

De acuerdo. Hay muchas cosas duras que te han sucedido y que no han dependido de ti. Pero aún a riesgo de que te enfades conmigo te digo que lo que sí depende de ti es cómo te has tomado esas cosas. En tu mano está convertir un acontecimiento doloroso en un aprendizaje o en una excusa para instalarte en la queja y la autocompasión. Sí, en tu mano.

Curiosamente en ninguno de estos arrepentimientos aparece un “me hubiera gustado tener más ropa” o un “ojalá hubiera sabido invertir en renovables”. Curioso, ¿verdad?

No pierdas el tiempo arrepintiéndote. Actúa.

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