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Informer, el cotilleo 2.0

En las últimas semanas los centros educativos se han llenado de tablones de anuncios virtuales llamados informer donde usuarios anónimos opinan sobre sus compañeros, se declaran a esa persona especial, y en gran parte de los casos, airean trapos sucios y propagan mofas a diestro y siniestro.

Estos espacios de “cotilleo” se hospedan en redes sociales tales como Facebook, por lo que el control de las publicaciones tan sólo pasa “el embudo moral” de los valores del propio creador de la página.

Lo que en un inicio se creó como página o grupo de estudiantes universitarios para poder expresar aquello que les gustaba o disgustaba, se ha derivado en una verdadera plaga de rumores, descalificaciones, y alguna felicitación cumpleañera que logra suavizar el tono general de este “sálvese quien pueda”.

La alarma social sobre este nuevo medio de expresión ha llegado de manos de padres, profesorado y directores de varios centros educativos en los que alumnos menores de edad se han sumado a esta nueva moda de “tirar la piedra y esconder la mano”

Pero, ¿qué tiene internet que nos convierte en seres “osados”?

El ser humano es un ser social por naturaleza. Nuestro proceso evolutivo nos ha provisto de la capacidad comunicativa, facilitándonos la interacción con el resto de miembros de nuestra especie. A lo largo de los años hemos ido perfeccionando dicha capacidad y añadiendo normas y convenciones sociales para regular las formas de relacionarnos con el resto de personas.

En la actualidad internet ha creado un nuevo espacio de comunicación y socialización, donde el usuario puede opinar o interactuar bajo el paraguas protector del “anonimato”.

El simple hecho de no poder ser identificado hace que la persona tienda a estar menos inhibida por las restricciones sociales y morales, y en consecuencia, personas sumamente “correctas y educadas” pierdan los papeles en foros y/o chats seguros de no ser descubiertos.

Todo esto me plantea la siguientes reflexión ¿realmente estamos seguros de cuáles son nuestros valores? ¿los hemos aceptados e interiorizado o sólo nos sirven cuando estamos en el escaparate público?

Sea cuál sea la respuesta, lo cierto es que conceptos como tolerancia, empatía y respeto deberían formar parte de las acciones e interacciones de nuestra vida diaria, tanto sean públicas como anónimas.

Y tu, ¿qué opinas?