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Vivir sin miedo

En coaching invitamos continuamente a la acción, al movimiento efectivo hacia los objetivos. En la mayoría de los casos, lo que nos impide emprender acciones hacia nuestros sueños es el miedo. Pero ¿qué es exactamente el miedo?, y sobre todo, ¿cómo podemos combatirlo?

El miedo es una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico. El miedo también implica una inseguridad respecto de la propia capacidad para soportar o mantener una situación de amenaza. La intensidad de la respuesta emocional de miedo depende de la incertidumbre sobre los resultados.

Fernández-Abascal, 1997

En términos evolutivos, la emoción del miedo se ha desarrollado para protegernos de aquello que es peligroso para nuestra supervivencia.
De hecho, sin la capacidad de sentir miedo (que es una patología descrita) la mayoría de nosotros viviríamos muchos menos años. Imaginad a una persona que no siente miedo conduciendo a toda velocidad por una carretera junto a un acantilado…

Agradezcamos pues tener esta fantástica herramienta de supervivencia, pero ¿qué sucede cuando cualquier situación de incertidumbre nos provoca tanto miedo que somos incapaces de actuar, incluso en nuestro beneficio? ¿Está justificado el miedo que sentimos a cualquier cambio en nuestra vida? ¿Es realmente tan insoportable la incertidumbre sobre el futuro como para aferrarnos a comportamientos, hábitos, personas, trabajos… que no nos hacen felices?

Como hemos dicho, el miedo se desarrolló en el ser humano cuando realmente convivíamos con continuas amenazas para nuestra supervivencia, como fieras salvajes, inclemencias climatológicas extremas, enemigos armados… Quizá tengamos que aprender a modular nuestra sensación de miedo en una sociedad en la que muchas de esas amenazas ya no existen.

En muchísimas ocasiones, el miedo a una situación que queremos evitar es mucho más doloroso que la situación en sí. ¿Hemos valorado realmente qué es lo peor que nos puede pasar si tomamos esta o aquella decisión? Quizá esté aquí la clave. Dar un paso más allá del miedo instintivo y analizar racional y objetivamente, cuán peligroso es eso a lo que nos enfrentamos.

En coaching trabajamos constantemente en este punto. Acompañamos a nuestros clientes en el análisis pormenorizado de las consecuencias reales de que “lo peor que pueda pasar” realmente pase, y muchas veces descubrimos que no representa un peligro real. En cambio, ¿qué nos podemos llegar a perder si no damos ese salto racional? ¿Quién dijo que todo va a salir mal, y qué pasa si efectivamente así es? ¿Realmente no vamos a ser capaces de superarlo?

Me atrevo a decir que muchos de nuestros miedos son heredados y nunca nos hemos parado a analizar si tienen una base real. “Si no estudias, nunca encontrarás un buen trabajo; si no te casas pronto, se te pasará el arroz de la maternidad; si pierdes tu empleo, perderás tu casa…” ¿Alguien puede asegurar categóricamente que esto siempre es así? Miedos que pasan de padres a hijos por generaciones y que han generado sociedades ancladas a todo aquello que les hace sentir seguros.

El miedo a la incertidumbre es uno de los más arraigados en el ser humano, pero desgraciadamente vivimos momentos de cambios constantes y futuros inciertos. Lo que antes era un trabajo para toda la vida, ha dejado de serlo, por ejemplo. Ha llegado el momento en que quizá la adaptación al cambio (otra gran cualidad humana que a veces está adormecida) sea mucho más efectiva que la evitación de lo temido.

Quien no teme vivir en una nueva cultura y enfrentarse a retos intelectuales, es capaz de emigrar en busca de un trabajo mejor. Quien pierde su empresa y no teme empezar desde cero, aprender nuevas cosas, cambiar de sector profesional, tiene más posibilidades de reconstruir su presente.

¿Hemos analizado realmente por qué estamos aferrados a la estabilidad y qué cantidad de cosas nos podemos estar perdiendo por miedo? Os invitamos a hacerlo.